Racing cayó 1 a 0 ante Flamengo en el encuentro de ida por las Semifinales de la Copa Libertadores. El conjunto argentino dejó la piel en el Maracaná y estuvo a dos minutos (en los 90 reglamentarios) de llevarse una igualdad que hubiese sido de enorme valía para la revancha. El equipo de Gustavo Costas jugó con mucha hidalguía y ahora deberá vencer a su rival en Avellaneda.
Se jugó con el corazón en la mano. Con uñas y dientes, como debía ser. La Academia no pudo sostener el empate y, a poco del cierre, perdió ante el elenco carioca. Más allá de pagar (con muy poca fortuna en la jugada) una de las pocas desatenciones que tuvo en defensa, Racing se plantó en Brasil. Disputó el partido con muchísimo amor propio, representando la historia y el presente de la institución.
Flamengo, por su parte, jugó a su ritmo. El equipo de Filipe Luis viene de un trajín de encuentros que lo tiene ocupado física y mentalmente. Si bien fue superior en todo el partido, fue regulando las cargas y guardó su mejor versión para explotarla en los últimos 15 minutos del segundo tiempo.
Dentro de los puntos más altos del equipo de Avellaneda, estuvo la actuación consagratoria de Facundo Cambeses. El portero sostuvo a La Academia y, por sus intervenciones, mantuvo vivo a Racing en la serie. Santiago Sosa fue otro jugador por el que se explica el resultado final. Siempre bien ubicado, despejó de abajo y de arriba (se llevó la peor parte en el salto final con Marcos Rojo, que apoyó su codo sobre uno de sus maxilares). Dejó la vida, como el resto de sus compañeros.
El zaguero tuvo un rendimiento bastante aceptable. Por desgracia, el remate de Jorge Carrascal dio en su estómago y fue directo hacia la red, cuando el disparo no tenía destino de arco. El esfuerzo descomunal en el retroceso de Tomás Conechny y especialmente de Santiago Solari, dando una mano enorme en la recuperación, también fue conmovedor.
Como supo decir Gustavo Costas, el equipo viene sentido; no está al 100% de sus posibilidades. Sin embargo, nadie se guardó nada. Lo dieron todo. Ahora quedará tiempo para descansar. Para reflexionar y pensar de qué manera se puede vulnerar a un equipo tan poderoso y con tantas figuras. No será para nada fácil. Tampoco imposible.
Habrá que revalidar la confianza y la fe en este equipo que, con virtudes y aciertos, se encuentra entre los mejores cuatro equipos del continente. A luchar y a jugar, que todo es posible para el que cree. La fe sigue intacta.
