Luego de un pésimo semestre, el técnico que llevó a La Academia a la cima en el ámbito continental en 2024 y supo competir de gran manera en 2025, no estará más al frente del primer equipo por decisión del presidente Diego Milito, quien en diciembre le había ofrecido un contrato por tres años.
El empate ante Caracas fue la gota que rebalsó el vaso. Un vaso bastante cargado de hipocresía, de falta de decisión y que, ante un claro tropiezo, fue la posibilidad inmejorable que Milito y la Secretaría Técnica, no dudaron en aprovechar para despedir a un referente del club como lo fue y es Gustavo Costas.
Es completamente cierto que el entrenador ya no contaba con el apoyo incondicional del plantel. Con la intención de tocar la fibra íntima de sus dirigidos luego del empate ante Aldosivi, los dejó expuestos en la conferencia de prensa y esto, en vez de generar una cercanía, los alejó aún más de su sentir más profundo: el de llevar a Racing a lo más alto.
Milito, que bajó a ese vestuario cargado de hermetismo y tensión interna, pudo notar que la relación entre los jugadores y el cuerpo técnico estaba partida. El presidente, en vez de consensuar una limpieza con el DT, respecto a aquellos futbolistas que seguramente cumplieron un ciclo en la institución, decidió cortar todo por lo más fácil.
Está claro que el mandamás, amén de nunca ser un enamorado del fútbol de Costas, creyó que la salida del técnico era lo más saludable para un equipo de profesionales gastado. La exigencia natural de competir en un club tan grande y de haber puesto la vara tan alta hizo que varios jugadores no pudieran sostenerse en la cima.
Luego de llegar a instancias de tanta relevancia, como fue disputar una semifinal de Copa Libertadores y una final por el certamen doméstico, fue algo lógico que el seno del plantel se haya relajado durante estos últimos meses que sin dudas fueron de los peores de los últimos 10 años.
Ahora quedará en el propio Milito poder elegir a un entrenador de SU agrado, considerando que Costas fue parte de la herencia que recibió de Víctor Blanco, a quien diplomáticamente le renovó el contrato, haciendo abuso de su obsecuencia, acordando una estadía irrisoria de tres años y quitándolo de su cargo ante la primera tormenta fuerte.
A Gustavo y a todo su cuerpo técnico, sólo palabras de agradecimiento, por haber comprendido en su arribo la primera necesidad que el club tenía de cara a las competencias internacionales, donde logró ubicar a Racing entre los mejores del continente.
