Racing le tiró todo junto a Vélez en Liniers y ganó el primero de los dos duelos, por 1 a 0. El equipo de Gustavo Costas tuvo un primer tiempo muy flojo, pero cuenta con uno de los jugadores más pillos e inteligentes del fútbol argentino como Maravilla Martínez. El goleador sacó de quicio a Lisandro Magallán. El zaguero entró en la locura del delantero y terminó siendo expulsado. A partir de entonces, el encuentro cambió y el propio atacante anotó el gol de la victoria.
Bastó un lanzamiento largo al minuto de juego que fue en dirección al lateral izquierdo de la defensa de Vélez para conocer las intenciones del animal de delantero que tiene Racing. Maravilla y Magallán corrieron detrás del balón. Uno intentando que la pelota termine fuera de la línea de cal, otro arremetiendo con todo para forzar un lateral en ataque que no consiguió.
Lo que sí consiguió Maravilla es la respuesta vehemente del que sería su marcador durante los 43 minutos que estuvo en el partido. Con el apto físico de Emanuel Mammana, Guillermo Barros Schelotto eligió sostener en el equipo a Magallán por encima de Aaron Quiroz, quien podría haber ocupado la posición natural de seis siendo un defensor zurdo.
La experiencia del canterano de Boca Juniors más la presencia siempre inquietante de Maravilla, hizo que el Mellizo se inclinara por su ex compañero. Los duelos individuales le iban dando la razón a Guillermo hasta que Wilton Sampaio decidió amonestarlo, junto al delantero, por el dialogo poco amigable y los roces permanentes ante cada balón detenido.
El desarrollo del partido, que venía siendo favorable para Vélez por dominio, presión y dos jugadas muy claras de gol que Michael Santos no pudo definir con precisión, sufrió un quiebre por la expulsión del segundo marcador central. En una salida con pelota dominada, adelantó demasiado el balón y en la disputa del mismo fue contra el tobillo de Juan Ignacio Nardoni. Recibió por segunda vez la tarjeta amarilla y se fue expulsado.
El entretiempo generó la incertidumbre de cómo se dispondría Racing a jugar con un hombre de más. Gustavo Costas retrasó a Santiago Sosa (de mal primer tiempo), quien regresó a su hábitat natural de líbero. El retroceso de Sosa liberó a Gabriel Rojas y también a Facundo Mura. Por el lado de Vélez, Guillermo también simplificó todo sacando a Imanol Machuca, el jugador más desequilibrante del Fortín, en reemplazo de Manuel Lanzini.
Con su rival mucho más replegado esperando atacar los espacios, La Academia empezó a mover el balón de lado a lado y a hacerse cargo del juego. Luego de un pase elevado de Colombo a la posición de Mura, el despeje a medias de la defensa velezana le permitió a Santiago Solari rematar de bolea. El disparo del extremo rozó el palo derecho de Tomás Marchiori.
A continuación, llegó el gol de la visita. Rojas generó una pared con Solari quien picó a la espalda de Jano Gordon. Mammana no llegó a cortar, el delantero tiró un centro muy pasado que encontró en soledad a Mura. El carrilero remató cruzado y Maravilla sólo tuvo que empujarla, teniendo encima la marca de Quiroz, que había reemplazado a Tomás Galván.
Racing se ponía arriba en el marcador sin más argumentos que la efectividad y la confianza con la que salió a jugar los segundos 45 minutos. Agustín Bouzat, capitán del Fortín, fue la cara de la desesperación y también del amor propio. Contrariado con todo el mundo, fue para adelante y, en su tosudez, discimuló que su equipo jugó con 10 hombres todo el complemento.
Las decisiones del VAR, anulando el gol de Quiroz y revirtiendo la expulsión de Nardoni, fueron acertadas. El partido pudo haber terminado en empate por la definición de Matías Pellegrini, que desvió Cambeses (de enorme presentación) como también en una ventaja mayor para el elenco albiceleste si hubiera aprovechado varios contragolpes.
La llave está abierta y todo puede suceder en siete días cuando vuelvan a verse las caras en el Cilindro. Avanzar a Semifinales después de 28 años, dependerá de que Racing juegue los 95 minutos concentrado, sin dar espacios a este buen equipo de Vélez.
