Marcos Rojo se convirtió en el sexto refuerzo de La Academia. El marcador central zurdo de 35 años firmó un contrato de un año y medio (hasta diciembre de 2026), sujeto a productividad. La llegada del defensor generó sensaciones encontradas en el seno del club. ¿Era necesario?.
Cuando parecía que el mercado de pases invernal de 2025 era historia juzgada, apareció un nombre que nadie imaginó. O, al menos, el común de los socios e hinchas no hubiera pensado jamás por la historia reciente del futbolista y alguna pica personal en los últimos cruces de Racing con Boca, su pasado club. Lo cierto es que Gustavo Costas fue quien le sugirió el nombre del zaguero a Diego Milito.
Con el aval del presidente y sin el consenso general de la Comisión Directiva, el entrenador se comunicó con Rojo y le expresó su deseo de tenerlo en el plantel académico. El futbolista se entusiasmó con la propuesta y le expresó su conformidad al DT, previo a consensuar la recisión de su contrato con el equipo de La Ribera. A su vez, Costas también recibió de Rojo su deseo de revancha.
Al jugador le seduce jugar la Copa Libertadores y el cuerpo técnico considera que es el jugador necesario para conquistar el certamen más importante de América. Ahora bien: con el acuerdo total entre las partes, la llegada de Rojo generó un ruido fuerte en el círculo íntimo de la dirigencia.
El defensor gesticuló al público albiceleste luego de anotar el penal que clasificó al Xeneize a las Semifinales de la Copa Libertadores en 2023 y repitió los mismos ademanes en la entrada en calor del último clásico disputado en Avellaneda (el pasado 8 de febrero, que terminó con victoria 2 a 0 para La Academia).
Quedará en el propio Rojo dar vuelta la página de su congestionada estadía en Boca (plagada de lesiones musculares y expulsiones) e iniciar un nuevo camino en Avellaneda.
