Racing cayó por tercera vez consecutiva como local en Torneo Clausura, esta vez, ante Tigre por 2 a 1. El equipo completamente alternativo que paró Gustavo Costas (exceptuando a Gabriel Arias) careció totalmente de ideas. Se encontró con la ventaja inicial de casualidad y jugó un pésimo segundo tiempo. El martes se juega una final y deberá mejorar muchísimo.
Con titulares, con suplentes, con arbitrajes que utilizan todo el peso del rendimiento y sin respuestas. Ese fue y es, a la fecha, la realidad con la que está conviviendo Racing. Un presente realmente penoso, lleno de preocupaciones y con la incertidumbre de no saber si el cuerpo técnico le pueda dar variantes a un equipo que no está funcionando.
Cualquiera que pasa por Avellaneda lastima a Racing. Los últimos cuatro encuentros terminaron con derrota. En ninguno de ellos, el elenco albiceleste demostró supremacía. Es cierto. Puede que en todos los juegos su rival se llevó el premio mayor sin merecerlo, pero el fútbol también se trata de detalles.
Y en esos detalles es donde Racing suele hacer agua: faltas constantes a los costados que llenan de centros el área de Gabriel Arias. Hasta la jugada del penal en favor del Matador, todos los centros enviados por Tigre fueron despejados por los futbolistas locales. No obstante, no se puede jugar con tanta ingenuidad y dando esa clase de ventajas.
Así y todo, sobre el cierre del primer tiempo, La Academia se encontró con un gol de otro partido y de otro jugador, definitivamente. En el epílogo del primer tiempo, en una jugada de ataque que se fue ensuciando, Adrián Balboa recibió una asistencia de cabeza de Bruno Zuculini, bajo el balón con el pecho y de bolea colocó la pelota en el ángulo, por encima de Felipe Zenobbio.
Antes de iniciar el complemento, Zuculini dejó el campo y Martín Barrios fue su reemplazante. Sin mostrar un buen nivel y condicionado por no estar al 100% de sus posibilidades, Bruno es mucho más que el propio Barrios y que Richard Sánchez, por quien esta dirigencia pagó una fortuna y hasta el momento no demostró nada.
Así como sucedió ante Estudiantes, el elenco albiceleste empezó a perder el partido o, en su defecto, la ventaja numérica y emocional con el rival de turno. Tigre empezó a sumar pases con Bruno Leyes, Jabes Saralegui y sus laterales; especialmente Guillermo Soto. Al rato de iniciado el segundo tiempo, Franco Pardo fue rápidamente amonestado por un celoso Darío Herrera que al rato lo terminó expulsando.
Así como en el último encuentro ante Platense, en los playoffs del certamen pasado, fue llamativo el comportamiento del referí, que fue permisivo con los contactos de la visita, pero extremadamente riguroso con los jugadores locales. Nada fuera del reglamento: Pardo fue expulsado correctamente y Gabriel Rojas, que viene en baja, también cometió un penal infantil. La rareza se plantea en que el peso de la ley se ejerció solo para uno de los dos lados.
La desesperación y el nerviosismo de Gustavo Costas (nuevamente expulsado), junto a los ademanes de su cuerpo técnico hicieron que el nerviosismo se trasladara al campo de juego donde la confusión terminó siendo generalizada y provocando que el resultado se diera vuelta en cuestión de minutos.
El partido del martes será bisagra. El entrenador y sus ayudantes deberán comprender que Racing necesita un conductor que traslade y menos pelotazos. Maximiliano Salas ya no está en el equipo y el recurso del envío por elevación para ganar las segundas jugadas ya no sirve. Son más las que se pierden que las que se ganan. No queda margen. A despabilarse pronto y a reaccionar con fútbol.
