Racing igualó 2 a 2 ante Caracas y quedó eliminado de la Copa Sudamericana. En un nuevo papelón que será recordado por mucho tiempo, el equipo de Gustavo Costas no pudo superar a un equipo que merodea la mitad de la tabla del certamen venezolano, una de las ligas más flojas del continente. Un semestre para el olvido donde no pudieron cumplirse ninguno de los objetivos.

Parece mentira pensar que en diciembre este plantel (a excepción de Facundo Mura, Agustín Almendra y Juan Nardoni) jugaron una final y estuvieron a nada de levantar un título local. Cuesta entender en qué momento y dónde  se produjo un quiebre interno que generó que, de ese fuego sagrado por “poner a Racing en lo más alto”, sólo quedaron cenizas.

Partido tras partido el elenco de Avellaneda se fue desmoronando; física, emocional y colectivamente. El inicio fue el clásico de Avellaneda, pero estuvo claro que en la adversidad el plantel no supo responder cómo en otros momentos, y que la fibra interna ya no era la misma. El cuerpo técnico esta vez (tal vez gastado por el tiempo y la energía que tuvo que vertir en tantas circunstancias) no logró concientizar a sus dirigidos el escudo que estaban defendiendo.

Anoche, un triunfo hubiera dado una chance más en la última jornada de la zona de grupos para clasificar a 16Avos, siendo que el primer objetivo en la Copa Sudamericana ya se había sepultado con las dos derrotas ante Botafogo. Sin embargo, la suerte del equipo ya estaba escrita por varios factores: un estadio sin público, un equipo sin confianza, un banco de suplentes sin soluciones y un cuerpo técnico perdido. Un combo letal que decantó en una eliminación lógica.

El análisis del encuentro queda en un segundo plano. La eliminación no se da únicamente por el desarrollo del encuentro de ayer, sino como consecuencia de errores ya citados en otros partidos donde Racing no estuvo a la altura y no acusó recibo de estar comprometiendo su segundo semestre respecto a la competencia internacional y, quien sabe, su suerte respecto al próximo año (teniendo en cuenta la clasificación a la Copa Libertadores 2027).

Probablemente muchos de estos futbolistas no sientan del todo el duelo, porque en su proyección futura se ven fuera de la institución, cambiando de aire, mientras los que verdaderamente penamos este presente somos los hinchas. Tal vez este último argumento sirva para entender que varios jugadores sienten que el ciclo en el club ya es cosa juzgada. Nunguno de ellos, por más importante que sea, es indispensable. Como supo decir Lisandro López “el que se quiera ir que se vaya”.

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