Racing cayó 2 a 0 ante River en el Cilindro. El conjunto de Gustavo Costas desperdició muchas situaciones de gol y volvió a penar por errores individuales que le permitieron al Millonario quedarse con la victoria. Marcos Rojo cometió una enorme torpeza en el primer gol del partido y luego y total irresponsabilidad, golpeando a Martinez Quarta sin necesidad con el resultado abierto.

El mano a mano que Santiago Solari dilapidó, apuntando su remate al cuerpo de Santiago Beltrán, fue el primer indicio de que el partido iba a terminar siendo esquivo para los intereses de Racing. La Academia chocó una y otra vez con su falta de contundencia y eso terminó siendo contraproducente porque lo llenó de nervios luego de la segunda vez que River disparó al arco de Facundo Cambeses.

La primera vez fue con el potente remate de Tomás Galván que el arquero pudo contener abajo dando un rebote lógico y hacia el costado derecho. En el segundo no pudo hacer nada. Facundo Colidio aprovechó un cierre defectuoso de Rojo, que le dejó el camino allanado para que el delantero quede cara a cara con el portero albiceleste.

Previo al 0-1 el partido se jugó como quiso el equipo local. Con la desventaja, el descontrol fue total y la visita pudo haber marcado el 2 a 0 por medio de Sebastián Driussi (su remate fue desviado al corner por García Basso) y a través del propio Colidio que dilapidó una chance increíble, tras una enorme jugada.

En el inicio del complemento se pudo ver el cansancio en varios de los jugadores, que habían hecho un desgaste importante en los primeros 45 minutos. Fue allí que Aníbal Moreno y Fausto Vera comenzaron a manejar los tiempos del partido, exigiendo aún más la presión de los atacantes albicelestes que corrían detrás del balón. La presión pocas veces surtió efecto.

Y cuando surtía efecto no había jugadores por delante de la línea de la pelota para recibir y jugar directo. Los ingresos de Gastón Martirena y Gonzalo Sosa le dieron algo de oxígeno al equipo, pero no pudieron desarticular la confusión generalizada, producto de la impotencia de no poder convertir.

La expulsión de Rojo fue la gota que rebalsó el vaso y la paciencia de la gente. El gol de Driussi, luego de un pésimo control de García Basso y con la defensa completamente abierta, fue el golpe final. Claramente, con las ocasiones no aprovechadas, el equipo se desmoralizó a tal punto de entrar en una locura generalizada y un descontrol que hacía tiempo no se veía.

Se viene Botafogo y no hay tiempo para lamentos. Hay que ganar para, de a poco, encaminar el liderazgo en el Grupo E de la Copa Sudamericana.

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