Racing cayó 1 a 0 ante Barracas Central, sobre el cierre del encuentro en un total escándalo. La Academia, que había conseguido torcer a su rival en el epílogo del cierre (gracias a un cabezazo de Maravilla Martínez) se vio perjudicado por una decisión arbitral que, a instancias del VAR, anuló el tanto por un penal inexistente en la jugada previa.

Nada nuevo bajo el sol en nuestro fútbol argentino. O el fútbol de los poderosos. Mucho más cuando permanezca de este lado de la vida Claudio Chiqui Tapia. Quien le rinde pleitesía a todo el mundo y todo el mundo le rinde pleitesía a él; por temor al castigo. Así funciona todo en la AFA, en el Colegio de Árbitros y en cada rincón donde pueda tener injerencia este personaje que apareció un día desde las sombras del Ascenso para iniciar el acabose del deporte más popular de nuestro país.

Nicolás Lamolina, un mediocre referí, fue el designado a impartir justicia en la noche del sábado. Todas las chiquitas fueron para la visita, mientras que las tarjetas que repartió en la primera mitad fueron sólo para el dueño de casa. Por supuesto, para discimilar en el complemento algún jugador del Guapo recibió algo. No sea cosa que alguien se dé cuenta lo vergonzoso que estaba siendo su trabajo.

Es evidente que, cuando un equipo enfrenta a los equipos del Poder, debe aprovechar al máximo sus posibilidades y dar un plus. Todo lo que Racing no pudo ni supo hacer. Santiago Solari erró una situación inmejorable debajo del arco (aunque de haber convertido las líneas de Ezeiza hubieran trazado que las pestañas de Maravilla estarían un milímetro por delante de Rodrigo Insúa, el último de los defensores visitantes en salir).

La realidad también da cuenta de que Barracas Central no necesita ayuda para lograr su propósito. Tiene un entrenador inteligente y buenos jugadores. Javier Ruíz, Jonathan Candia y el propio Insúa generaron aproximaciones que no terminaron en gol por falta apresuramiento. Gabriel Arias le tapó un mano a mano a Manuel Duarte luego de que el equipo albirrojo quebrara el adelantamiento de la última linea de La Academia.

Racing quiso resolver con dos o tres pases lo que debía hacer con mayor paciencia; intentando mover a la defensa rival con mayor circulación y tenencia. No buscar el segundo balón como lo hizo durante todo el complemento.

Fue un aceptable debut el de Duván Vergara. Cuando pudo acelerar con espacios lo hizo de buena manera y también se vistió de asistidor con buen tino. Rafael Barrios, el lateral derecho de Barracas, lo quiso sacar rápidamente del encuentro buscándolo en cada cruce. En la segunda mitad, algo cansado, no se entendió con Gabriel Rojas como sí lo había hecho en los primeros 45 minutos.

Discreto partido de Santiago Sosa. Tanto Dardo Miloc como Iván Tapia interpretaron cada pase entre líneas cortando posibilidades. Fue asertva su asistencia para el gol de Maravilla. Juan Nardoni, por su parte, no se hayó más que por el andarivel derecho y Facundo Mura bailó con la más fea (contener a Ruíz y a Insúa) a pesar de haber recibido asistencia de parte de Solari que no tuvo un mal partido, aunque todo lo opaca el despilfarro ya mencionado.

El ingreso de Toto Fernández le dio más dinámica al ataque y Bruno Zuculini intentó cortar con presión la salida rival cuando el Guapo recuperaba el balón. Por momentos lo consiguió.

Maravilla, que siempre es un dolor de cabeza para el adversario de turno, estuvo muy solo. El VAR decidió ver penal en una disputa lógica de la pelota con Bruera.

En líneas generales fue otro partido donde Gustavo Costas no le encuentra la mano a un equipo que decide posicionarse bajo para recuperar y contragolpear. Una mancha más al tigre. Un nuevo partido donde se repiten los caminos que no conducen a ninguna solución.

La próxima estación será en Barrio Alberdi frente a Belgrano que debutó con una goleada 3 a 0 ante Huracán en Parque Patricios. Habrá que esperar la sanción que el Tribunal de Disciplina le aplique a Costas, luego de su expulsión, y también a sus hijos Gonzalo y Federico. Muy probablemente Francisco Pepi Bersce, ayudante de campo, sea quien ejecute las ordenes desde el banco de suplentes.

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